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Análisis

¿Desde qué tamaño de proyecto vale la pena un gemelo digital?

Torre residencial al atardecer, render 3D de fachada

«Eso debe ser para proyectos grandes». Es lo primero que nos dicen las constructoras medianas cuando hablamos de gemelos digitales. Es entendible, pero está al revés: lo que cambia con el tamaño no es si conviene, sino para qué conviene.

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Primero, por qué los grandes sí lo necesitan

McKinsey revisó más de 300 proyectos con contratos superiores a los mil millones de dólares y encontró sobrecostos promedio cercanos al 80 % y retrasos alrededor del 50 %. En términos generales, los grandes proyectos tardan cerca de un 20 % más de lo previsto.

La razón no es técnica; es de coordinación. Muchos actores, muchas interfaces, y ningún lugar donde todos vean lo mismo al mismo tiempo.

Qué aporta el modelo según la escala

Proyecto pequeño — una torre, menos de cien unidades

Acá el riesgo es comercial, no constructivo. Cada mes de rotación pesa sobre un presupuesto ajustado, y no hay margen para un apartamento modelo que se construye temprano y se vende de último.

El modelo se justifica por la venta: reemplaza al modelo físico, viaja por WhatsApp y le llega al comprador que vive en otra ciudad.

Proyecto mediano — varias torres o etapas

Acá aparece el riesgo de repetición. Un detalle mal resuelto en la etapa 1 se construye idéntico en la 2, en la 3 y en la 4. El error no se suma: se multiplica.

Y como la tipología se repite, el modelo se amortiza en la primera etapa y se reutiliza en las siguientes con cambios menores. Es donde mejor rinde la inversión.

Gran envergadura — usos mixtos, macroproyectos, obra pública

Acá el riesgo es de coordinación pura. Varios diseñadores, varios contratistas, cronogramas encadenados y decisiones que dependen unas de otras.

El Construction Industry Institute encontró que los cambios, errores y omisiones de diseño explican el 79 % del costo de las desviaciones —un 9,5 % del costo total del proyecto—. En una obra con veinte interfaces entre disciplinas, esa cifra deja de ser una estadística y se vuelve el cronograma.

El problema real: lo que no se contempló

Ninguna obra se sale de presupuesto por lo que estaba previsto. Se sale por lo que no se contempló: el ducto que nadie coordinó, la altura libre que nadie verificó, el acabado que nadie definió hasta que llegó la factura.

Autodesk y FMI le pusieron cifra a ese vacío. Las decisiones tomadas con datos malos le costaron al sector cerca de US$1,85 billones en 2020 y explicaron el 14 % de todo el retrabajo del año. «Datos malos» significa exactamente eso: información incompleta, inaccesible, inconsistente o que llegó tarde.

Un modelo no adivina lo que falta. Lo hace visible, que es lo único que hace falta para poder preguntarlo a tiempo.

Cómo empezar sin sobredimensionar

No hay que modelar todo el proyecto al detalle desde el primer día. El orden que mejor funciona es este:

  • Primero el modelo comercial. Fachada, zonas comunes y las tipologías que más pesan en ventas. Se paga solo con la comercialización.
  • Después la profundización técnica sobre el mismo archivo: redes, estructura y los puntos críticos de coordinación.
  • Y al final, mantenerlo vivo. Actualizarlo con los cambios reales para que sirva de referencia en entrega y posventa.

Ese es el criterio con el que armamos cada gemelo digital: empezar por donde se recupera la inversión y crecer desde ahí. Si quieres ver cómo aplicaría en tu caso, mira las soluciones completas o escríbenos.

Fuentes

McKinsey — Imagining construction’s digital future · Construction Industry Institute — Costs of Quality Deviations · Autodesk + FMI — Harnessing the Data Advantage in Construction

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